UNA POSTURA DECENTE
Escrito en diciembre 1987 y sigue siendo actual, (No cambia
nada)
La convicción de pertenecer a la sociedad obliga a un
comportamiento sacrificado y valiente.
La realidad nos demuestra que existen más gentes dispuestas a disfrutar de las
ventajas de la sociedad, como si fueran regalos o privilegios, sin dar a cambio
nada, que gentes conscientes de que la sociedad
elabora con la cooperación de todos, unos bienes, cuyo justo destino es
ser repartidos fraterna y generosamente entre todos los elementos sociales.
Falta el espíritu honesto e íntimo del sacrificio, falta el
espíritu de solidaridad humana., y para que nos hagan caso
Si yo lo reconozco y tú lo reconoces, hemos de confesar que
la situación no debe ni puede quedar así.
Yo tengo un concepto de mí que no resiste la asimilación a
gentes que sienten placer por contemplar, yacer y tolerar la injusticia. De ahí
que tenga el atrevimiento de salir a la luz pública para preguntarte si tú
estás dispuesto a mantener la postura decente de un ser humano de buena fé,
aunque tenga su error, frente a las injusticias que observamos en la sociedad.
Es necesario crear un ambiente de valentía
y de claridad en la vida social, que cada día tiene mayor urgencia de
saneamiento por el peligro de explosión humana que acumula.
Si no nos gusta la injusticia que nos envuelve, tampoco nos
ha de gustar la injusticia violenta que se barrunta. La postura decente, es
levantar la voz, aunque no nos hagan caso, actuar para una mejora cordial con
todo el riesgo de estar en cierto error involuntario. Tender a equilibrar lo
que vemos de inestabilidad temible.
Señalar, sobre todo, la responsabilidad que tienen aquellas
personas consideradas de valía por la sociedad, debido a la cultura que han
alcanzado y a las cuales se contempla como capacitados para la comprensión y el
bienhacer hacia los demás miembros de la sociedad, es otra forma de postura
decente.
Concreta y desgraciadamente los individuos más viles, los que
se manifiestan con más egoísmo y cobardía en la sociedad, suelen ser gentes
cultivadas, apegadas a una particular
soberbia que les inclina a exigir privilegios, amparándose en la fuerza de su
saber, como fieras humanas ante los demás. Esta postura, lejos de ser decente,
es irritante, cruel.
La conquista espiritual de una convicción tan deseada como la
paz social, el amor fraterno, está obstaculizada, precisamente, por la actitud
de las personas cultas que vienen inmolando a su egoísmo particular el mucho
bien de que serian capaces, si no quisieran aprovecharse avaramente de los
bienes sociales.
Corresponde a las juventudes, que son las reservas de las
esperanzas populares, enfrentarse a sus mayores y preguntarles cual es la
postura que tienen en la sociedad, si han de sentir la satisfacción de
pertenecer a familias decentes o han de conformarse con ocultar ante sus amigos
y compañeros, todos los motivos por los que sus familiares se les puede llamar
con el rico y c rudo vocabulario de
estos casos.
Jaime.P.
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